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El mapa de los mundos inesperados

La historia del pulpo que buscaba formas en las nubes, cartografía de lo desconocido y una breve introducción al significado de la programación

Por Tobías Bogliolo, hoy Frontend Developer.
¡Advertencia! En ocasiones suelo irme por las ramas y no puedo asegurar con total seguridad que lleguemos de un hipotético punto ‘A’ a otro supuesto punto ‘B’; muy probablemente saltemos de un ‘A’ a un ‘J’ o incluso a un ‘Z’, quién sabe. Pero aun así intentaré que al final del recorrido todo tenga sentido, o al menos algo de sentido.

Desde los albores de los tiempos (quizás exagere un poco, pero seguramente más o menos por esa época) se suele pensar en la programación como una actividad sistemática y estrictamente racional. Ahora bien, si eres de los que piensan esto, debo decirte que la programación encierra en sí una perspectiva ampliamente creativa casi siempre ignorada o pasada por alto; desde la estructura más compleja a la partícula más simple, detrás de cada línea de código no existe más que pura ‘lógica creativa’.

Conozco a algunos excelentes desarrolladores y tengo que decir que no destacan como se podría suponer por una gran capacidad de organización, ni por una increíble memoria para procesar datos. Sencillamente son indiscutiblemente curiosos. Son, sobre todo, imaginativos exploradores que poseen los conocimientos necesarios y son capaces de abstraer la mente para relacionarlos entre sí.

El océano de la creatividad

De hecho, LA CREATIVIDAD no es más que la facultad de generar nuevas conexiones entre conceptos conocidos para así encontrar una solución original a los dilemas que nos planteamos. Puede ser un problema de comunicación entre una marca y su consumidor o simplemente preguntarnos cómo sería posible destapar una botella sin utilizar un abridor.

La creatividad envuelve en sí misma un gran componente de razonamiento lógico y computacional; se trata de explorar ideas o asociaciones de ideas que aporten una nueva perspectiva de los obstáculos que tenemos delante de nosotros.

Muchos creen que aprender programación simplemente te prepara para programar. Sin embargo, la programación es capacidad inventiva. Esta es su esencia y, como tal, resulta un ejercicio interesante que nos puede ser de utilidad en el desarrollo de muchas de las tareas que efectuamos a diario. En definitiva, el ‘pensamiento computacional’ contribuye a la comprensión de los problemas y ayuda a encontrarles una solución adecuada. Y digo “encontrarles una solución”, porque un interrogante puede tener múltiples soluciones y no existe necesariamente “la mejor de las soluciones”, sino una de las muchas, a las cuales es posible llegar por diversos caminos.

Los lenguajes de programación (sí, me refiero a esos bloques galimáticos de texto que pueden hacer que queramos girar la cabeza hacia otro lado con solo mirarlos) son solo la parte visible de toda la lógica que existe detrás. Los lenguajes como JavaScript, Python o PHP, son meras herramientas, como pueden serlo un martillo o un par de tijeras, pero saber programar va más allá, se trata de aprender a razonar y a conectar conceptos, muchas veces distantes entre sí.

El bosque del diseño y el desarrollo web

Ahora me confieso, no hablo desde la piel de un desarrollador, vengo del mundo del diseño y la publicidad, realmente me apasionan y, aun así, tengo que reconocer que día a día me sorprendo encontrando una extraordinaria dosis de creatividad en disciplinas que a simple vista no se presentan a sí mismas como creativas. Pero bien, ¿a dónde pretendo llegar con todo esto?

Día a día, nos focalizamos en formarnos en todo aquello que se supone que se ajusta al prototipo de perfil que buscamos alcanzar, reproduciendo, invariables, un mismo esquema en lugar de aventurarnos a dar un paso más allá y generar un nuevo perfil más integral y diferencial. Imagino que estarás ocupado y que tendrás una rutina que seguir, incluso, posiblemente, tengas una clara lista de prioridades por delante. Sin embargo, zambullirte de vez en cuando en territorios desconocidos puede otorgarte una visión más amplia y más global, que te favorezca de una forma que ahora probablemente desconozcas. Las habilidades y conocimientos adquiridos a lo largo de nuestra vida se comportan desde una perspectiva holística como un claro complemento de nuestra identidad. Probablemente algo que nunca te plantearías comenzar a aprender te ayudaría a desenvolverte mucho mejor en tu rol diario, aunque no se vislumbre a primera vista. Danza o teatro para desarrollar tu capacidad de comunicación no verbal y así lograr trasmitir de forma adecuada tus ideas a los clientes, esgrima o malabarismo para mejorar tu capacidad de coordinar tareas, origami para ser más minucioso en tus proyectos, jardinería para aprender a cuidar de tu empresa y potenciar el crecimiento de cada uno de sus integrantes, clases de percusión para desarrollar tus aptitudes directivas, natación sincronizada para fomentar tu visión de equipo, o, por qué no, programación para potenciar tu creatividad.

La costa de la publicidad

Ahora bien, llegados a este punto, creo que no está de más aclarar que el presente artículo no pretende ser una apología directa de la programación, sino utilizarla de punto de partida para manifestar que adquirir nuevas e insólitas facultades puede resultar muy gratificante. Aportar valores inéditos, generar un punto de inflexión, reinterpretar el camino y no limitarnos meramente a reproducir viejas fórmulas. Conquistar talentos en campos desconocidos nos complementa y expande nuestro horizonte. De modo que hoy, lo que te propongo en este artículo no es más que comenzar a abrir puertas y ventanas hacia mundos inesperados, a saltar de plano en plano y a cambiar la perspectiva, a explorar y a sorprenderte con aquello para lo que eres extraordinario y aún desconoces. A dejar de pensar en una única dirección y, sobre todo, a convertirte en multidimensional.

Así que, si después de unas cuantas líneas aún sigues aquí, no voy a darte más motivos, ni a decirte por qué valdría la pena intentarlo, simplemente te voy a preguntar, ¿y por qué no?