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¿Montar un chiringuito o hacerse influencer?

Eva Aramendia, Directora de Cuentas.

Domingo 27 de agosto, 19,52 h. Autopista AP-7, dirección Barcelona.

Me adentro en la ciudad. El tráfico y el ruido, propios de la operación retorno, me envuelven. Enciendo la radio. Veo asfalto, edificios y conductores con la misma expresión: postura quieta, mirada fija y la mente perdida… perdida en los días de vacaciones. Días de sol, mar y relax que han llegado a su fin, y que hasta el año que viene no volverán (suspiro).

Y es que las últimas horas de las vacaciones son tremendas. Tus pensamientos se alejan y te hacen reflexionar como no se te ocurre hacerlo el resto del año (¡por suerte!). Tu trabajo, tu vida y hasta tu paso por el mundo son analizados y relativizados hasta decir “¡Lo dejo todo, me voy a Bali y monto un chiringuito!”. Gracias a Dios y por el bien de la isla, este impulso se nos pasa a las dos horas de la primera jornada laboral.

Estoy parada en un semáforo cuando de repente, la voz de fondo de uno de los tertulianos del debate capta mi atención. Con efusividad dice: “¡Me hago influencer y a postear!”.

No lo neguemos, esta expresión equiparable a la del chiringuito, se ha extendido rápidamente en los últimos tiempos. ¿Pero es verdad? ¿Uno decide “hacerse influencer” en un tris? Esto me hace reflexionar sobre la aparición de esta nueva profesión.

Es una realidad que la irrupción de los influencers en las campañas de comunicación, después de vivir un boom considerable, se ha consolidado. Hoy en día son profesionales de la red. Es un colectivo que se ha ganado un cuadradito de power point, del mismo tamaño que el del Paid Media, en las presentaciones de los planes de marketing de las marcas.

Son un canal directo de comunicación con el consumidor, con un nivel de alcance que nada tiene que envidiar a los medios de comunicación tradicionales y que, sobretodo, permite una interacción personal e instantánea… Ya no es Fulanito me lo ha contado, es Fulanito lo ha posteado. El boca-oreja del Social Media (¿lo renombramos como Post-pantalla?).

Una herramienta tan potente como esta requiere de un uso responsable por parte de anunciantes, agencias e influencers. Y pienso… ¿No sería adecuado contar con una normativa que regule esta nueva profesión? ¿Un código de buenas prácticas que garantice un uso debido y ético de este tipo de campañas, y evitar así un posible intrusismo?

Desde la agencia hemos asistido a la aparición y crecimiento de esta tendencia. Participando de ella con prudencia y aprendizaje, y siempre con los KPI’s de la mano. La medición es la clave para valorar la evolución de estas campañas y garantizar el control y una buena práctica.

A menudo la regulación de una actividad va más lenta que la actividad en sí, más aún en la frenética y dinámica era digital. Por el momento, debemos confiar en el sentido común de todas las partes implicadas y sobretodo en nuestra profesionalidad. Quizás entre todos, dejaremos de oír esto de “¡Me hago influencer y a postear!”.

…Lo que sí me temo es que seguiremos soñando con los chiringuitos de Bali. ¡Feliz vuelta a todos!