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Demasiado sucio, demasiado alto, demasiado rápido

Por Mar Guerrero, Directora Creativa Ejecutiva

Nos pasamos el día viajando, transportándonos de casa al trabajo, de Barcelona a Madrid, visitando lugares exóticos o asistiendo a rodajes y reuniones. Sabemos que llegar a destino de buen humor es básico para disfrutar o trabajar con el mejor ánimo. Por ello hoy queremos hablar de los medios de transporte que NO NOS GUSTAN, que nos marean, nos cortan el rollo o nos bloquean la inspiración…. Sabemos que dependemos de ellos, pero hoy queremos ejercer nuestro derecho al pataleo.

¡No nos gusta el metro! A pesar de ser el medio de transporte más rápido, capaz de atravesar de punta a punta la ciudad en apenas media hora y de tener un horario bastante amplio, no nos gusta. Nos molesta la aglomeración de gente, el olor, los empujones, el calor y alguna que otra cucaracha. El metro, a pesar de todas sus ventajas, ofende nuestros sentidos, incluido el de la vista: nos satura la cantidad de gente, las imágenes a corta y a larga distancia, el color, la luz, siempre artificial, o la ausencia de ella, ya que lo percibimos básicamente oscuro… Nos tensa, nos estresa estar pendientes de las paradas, moviendo la cabeza de un lado a otro mirando la señalización de dentro y fuera del vagón… ¡será porque no nos hemos llegado a plantear lo poco importante que sería pasarnos una parada de largo!

¡No nos gusta el avión! Como a una de cada cuatro personas. A algunos nos da miedo, sobre todo al despegar. Otros sentimos claustrofobia cuando escuchamos la frase: “cerramos puertas, armamos rampas y cross-check”. A quien más quien menos nos molesta el conjunto de “requerimientos” que supone volar: salir de la ciudad; llegar con horas de antelación; hacer colas en cada control, en cada acceso; la incomodidad en los viajes largos; el poco espacio para las piernas… (no puedes parar de pensar que, como pase algo, como poco te quedas sin piernas). Y, por si fuera poco, resulta imprescindible para acceder a determinados destinos.

Y puestos a quejarnos y para desahogarnos por completo, diremos que tampoco nos gustan el tren de cercanías, por su mal servicio; el coche en la ciudad durante las horas punta; el submarino, por estar poco ventilado. Y odiamos profundamente la cinta transportadora de sushi en los restaurantes japoneses ¡Va demasiado deprisa!

Así y todo, y dado que la movilidad es imprescindible, si encuentras el metro demasiado sucio, opta por el transporte más limpio del momento: la bici. Si para ti el avión vuela demasiado alto, viaja en tren, con los pies en la tierra y a gran velocidad. Y si piensas que en esta vida todo va demasiado rápido, tu medio de transporte es el coche de San Fernando: un ratito a pie y otro andando.