Entrevista a Robert Senior en ABC
07 MAR 2011
Por Virginia Torquemada
Un tiburón de la publicidad.
Consejero delegado de Saatchi&Saatchi
para Europa, África y Oriente Medio, este británico políglota de 46 años se
educó en Alemania, Países Bajos y Reino Unido. Asesoró a Gordon Brown y antes
su compañía lo hizo con la Dama de Hierro, a la que ayudó a ganar el poder.
"Fue un signo fantástico del cambio en el mundo político y en el del
propio Saatchi. En la fiesta del 40 aniversario de la empresa juntamos a
Thatcher y el Gobierno laborista. Fue estupendo". Instructor de esquí y
triatleta, para la revista "Campaign" es uno de los líderes de más
prestigio e inspiración de la industria publicitaria.
Su afición: rehabilita granjas perdidas en Francia, "verdaderas
maravillas".
El eslogan de su vida?
No dejes de intentarlo, jamás abandones y marca la diferencia.
Ahora la diferencia está en el desafío, no ya de que te compren tu producto, sino de que siquiera compren.
Pero la vida sigue, sea la economía buena o mala. La gente sigue necesitando comer, reír, amar, y seguirán inevitablemente comprando para seguir viviendo.
No hace mucho apelaban a la vanidad para vender coches, por ejemplo. ¿A qué recurren hoy?
Ahora hay que hacer que la gente se sienta bien, apelar al optimismo y a que nos sintamos mejor con nosotros mismos y con el resto del mundo.
¿Qué valores se venden mejor?
La honestidad y no pretender que vas a cambiar el mundo. ¡Hay que hacer que la gente sienta! Hemos vuelto al mundo de los sentimientos y las emociones.
Usted «vendió» políticos. Eso sí que tiene mérito. ¿Aún lo hace?
Un poco. Los políticos son muy malos comunicadores, te quieren decir veinte cosas cuando el espectador o el lector solo se va a acordar de una. Y es que la gente quiere saber quién eres realmente, y no que le des una lista de cosas que prometes.
Puede que no quieran que sepamos cómo son.
Tengo la rara sensación de que tiene toda la razón.
Ideó para Brown (ex primer ministro británico) «No flash, just Gordon». Dio en el clavo: llevó al laborismo a su derrota más estrepitosa y de su libro de discursos apenas vendió unas decenas.
¿Lo ha leído?
No.
-¿Ve por qué ha vendido tan poco? Pero sobre Brown argumentaría que podría haber sido peor. El partido conservador gastó 18 veces más presupuesto, estaba 20 puntos por encima en las encuestas y no obtuvo votos suficientes para formar Gobierno. O sea, que todo es relativo.
¿A que político quisiera llevar a la gloria?
En un mundo ideal, me encantaría traer de vuelta a Tony Blair.
Esquiador y triatleta. ¿Aplica los principios del deporte a los negocios?
Deporte y trabajo están muy cerca. Con el deporte todo es cuestión de fuerza mental, y con ella se supera el dolor físico de manera que no hay metas.
Usa además estrategias peculiares: deja al cliente su limusina mientras usted camina delante.
Al cliente eso le hace sentirse muy bien, y le lanzo el mensaje de que yo no me tomo muy en serio a mí mismo. Además, ¡me gusta andar!
¿No les dejará conducir su Aston Martin DB9?
Si lo me lo piden, sí.
Parece mentira que Mick Jagger le dejara sin palabras por primera vez en su vida.
Así fue. Me invitaron a una fiesta con políticos y famosos de todo tipo y alguien me dijo: «¿Te presentamos a Mick?». Le di la mano, le dije hola. Y yo ahí, de pie... Pasaron unos segundos y me fui. Simplemente, no me salieron las palabras.
¿Y qué dice en el consejo del English National Ballet School al que también pertenece?
No sé mucho de ballet, pero respeto mucho a los puristas. Es una escuela que ayuda a personas de todo origen y procedencia a convertirse en bailarines profesionales. Alcanzan tal nivel de perfección, que es una enseñanza para todos. Siento un gran respeto por ellos: dan mucho a cambio de bastante poco.
¿Su próximo reto?
Aprender español (se ríe). Mi actitud ante los desafíos es que son mucho más emocionantes cuando no sabes cuál será el siguiente.
El último fue graduarse en una escuela de artes culinarias a la que iba por las noches. ¿Su plato?
Solo he aprendido a hacer tarta de manzana. Hice el curso porque tengo tres niños pequeños y no sabía cocinar nada. Fue casi una necesidad vital.
Por último, una confidencia: ¿qué fue lo que más le costó vender?
Gordon Bown.